viernes, 13 de julio de 2012

Fábula de la política

A lo largo de estos meses, han ido sucediendo varios signos de que algo tiene que cambiar en España.

¿Por qué narices tenemos que aguantar que unas personas que no tienen derecho a controlarnos ni a aprovecharse de nosotros lo hagan, y encima se queden impunes?

¿Acaso unas pocas personas de mente cerrada y bolsillos llenos, van a saber solucionar algo que les ha explotado en la cara, precisamente porque nunca les ha importado el pueblo, simplemente les preocupa conseguir adeptos cual secta?

¿Y por qué hemos tenido que esperar a qué nuestro mundo empiece a venirse abajo, para enterarnos por fin de todo lo que llevaban ocultando y beneficiándose sin derecho?

Éstas son algunas de las muchas cuestiones que nos estamos empezando a hacer el pueblo, la gente que ya tiene bastante con preocuparse de sus vidas ajetreadas y llenas de baches, como para encima preocuparse de adónde va a parar su dinero. Y darse cuenta que han estado alimentando a un gran dragón que nunca va a tener suficientes tesoros debajo de su panza, y que se intentará aprovechar todo lo que pueda de sus pobres y atontados plebeyos, que sin preguntarse nada, le darán hasta el último grano de arroz para que no los devore.

Lo que estos pobres plebeyos no tienen en cuenta, es que sólo es un dragón, grande, y con un fuego que solo usa para atemorizar y quemar sus traseros cuando se cabrea, pero al fin y al cabo, un dragón al que se puede matar, o al menos doblegar, si se tiene la fuerza y voluntad necesaria. El problema es la ausencia de ambas en la mayoría de nosotros.

Sólo unos pocos se alzan contra el temible dragón, quién sabe si esas pequeñas rebeliones están dirigidas por otro astuto y joven dragón que sólo quiere aprovecharse de la situación, o realmente se han despertado de su profundo sueño con un gran cántaro de agua fría.

Tal vez, la pequeña rebelión, llamada por todos 15M, sea el principio de la victoria, o tal vez caigan abatidos irremediablemente, y esperando con terror la opípara cena del dragón. Mientras tanto, yo seré una de las damiselas que cantarán sin tesón por los valientes caballeros que se alzaron en su día, y por los que espera que se añadirán en una batalla mayor y con cambios reales, que al menos permita ponerle una buena correa al dragón, ese fiero y mezquino dragón que ha estado vigilando nuestros sueños y encaminándolos a sus propios deseos.

Buenas noches, mis dulces niños, y no permitáis que vuestros verdaderos sueños sean devorados por el temible dragón.

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